
Mi mente aún mantenía fresca la imagen impactante de los cientos de sacos de arena apilados al lado de la carretera justo después de cruzar el Rio Sava por el paso fronterizo de Orasje, en Bosnia, impactada, repasaba una y otra vez la postal macabra que me habían regalado algunas casas tiroteadas, reconstruidas o derruidas, casas, que me habían flanqueado a lo largo de la carretera hasta pasado Tuzla.