Uno anda buscando patrocinios y financiarse como puede un viaje y el casco decide suicidarse. Y no hablamos de un casco cualquiera, hablamos de un pata negra, caro no, carísimo, aunque su protección
bien lo merece, demostrado está.
bien lo merece, demostrado está.
Pero a quien le mandaba al susodicho saltar de esa forma. ¿Acaso le traté mal? Lo he llevado por media Europa, algo de África y Asia, siempre le dispensé cariño, enfundándolo cada noche en su manta o metiéndomelo conmigo en la tienda de campaña para que durmiera calentito. Ni un rasguño, ni un golpe, siempre con sus pegatinas, vistosas y llamativas.