
Revisando notas del viaje en moto por Bosnia i Herzegovina me encuentro con un título y cuatro esbozos en un rincón de mi libreta. Pronto recuerdo que lo empecé tomando una cerveza sentado en una terraza de la plaza Trg fra Grge Martića junto a una de las rosas de Sarajevo y la Katedral Srca Isusova, más conocida como la Catedral de Sarajevo o la Catedral del Sagrado Corazón.
La Rosas de Sarajevo.
Soy fruto del encuentro de cientos de gramos de fierro en contacto con la madre tierra, esa soy yo. Fecundada en el odio entre hermanos por un poderoso y envenenado artefacto en forma de gota, nací una noche de 1993. Mi progenitor hacia días que esperaba ser lanzado, conspirador y frío, silenciado y tendido aguardaba su coyuntura en la pendiente norte de Sarajevo para singlar por el filo de su macabra guadaña.